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Tabula Rasa

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Ashtavakra Gitad

Ashtavakra instruye al rey Janaka
8 de junio de 2022, por oshogulaab.com

Presentación

Este Gita, o Canto, conocido también como Ashtavakra Samhita, muestra una serie de diálogos entre Ashtavakra, joven lisiado con ocho jorobas, quien en realidad era un Maestro Iluminado, y su hábil discípulo Janaka, el “Rey Sabio de Mithila”.

Su contenido gira en torno al concepto del Yo Supremo, Atman o Brahman. Es un texto clásico de enorme importancia filosófica y religiosa dentro de la doctrina Vedanta Advaita de la no-dualidad, y por lo tanto, una de las obras cumbres de la espiritualidad india.

La falta de historia cronológica en el antiguo mundo de la India nos permite situar aproximadamente este texto en el siglo V antes de Cristo, fecha que sin duda es discutida por los tradicionalistas védicos que polemizan continuamente con los académicos occidentales. Pero, para muchos estudiosos, el Ashtavakra Gita apareció en un periodo posterior al Bhagavad Gita, y muy cercano a la época de los últimos Upanishads; y hay quienes aciertan en encontrar conexiones muy interesantes con los conceptos de la no existencia predicada por el budismo.

El mensaje liberacionista del Ashtavakra Gita es que, tanto “aquí” como “allí”, la muerte no existe para quien realiza lo que verdaderamente Es, despertando a la realidad de su verdadero Yo.

El Canto de Ashtavakra es un tratado de iluminación, con todo lo paradójico y misterioso que ello supone. Después de sumergirse en las aguas de no-dualidad de la Ashtavakra Gita, nada volverá a ser igual para el lector que abra dentro de sí las puertas más secretas del conocimiento espiritual. Su enseñanza previene contra el proceso de asumir estados aparentes o externos que no llegan a fundamentarse ni enraizarse con la consciencia, porque sólo la consciencia del Yo Supremo es la verdadera identidad, Brahman, el fin del Vedanta.

Introducción

Había una vez, hace mucho tiempo, un estudiante de las escrituras sagradas, que no podía mantener adecuadamente a su familia. Él se esforzaba duramente todo el día, hasta altas de la noche, aprendiendo, en la lengua santa, los versos sagrados. Su esposa, con su futuro hijo en su vientre, en avanzado estado de gestación, se sentaba al lado, en la habitación contigua, a media luz, y oía cómo su amado esposo, con voz cansada, cantaba las antiguas enseñanzas.

Muy avanzada la noche, en su octavo mes, del interior del vientre de su esposa, una voz le dijo: “Padre, por favor, estate atento; pronuncias mal ese verso”.

Agotado por el cansancio, con escaza templanza y sin pensar bien por qué había sido corregido por un niño no nacido, maldijo la voz de su hijo. Dado que él había adquirido poderes místicos por su continua y esforzada práctica, su maldición surtió efecto, y el niño nació deforme, con ocho torceduras en su cuerpo. Por ello sería llamado Ashtavakra, para que todos lo ridiculizaran.

Pero este niño lisiado era realmente un Maestro iluminado, quien tomó nacimiento en esa familia para revelar, en palabras simples y sencillas, la esencia de la experiencia mística.

Janaka, rey del mundo conocido, padre de Sita, “la hija de la tierra” y futura esposa del divino Rama, se convirtió en discípulo de este joven contrahecho. El libro toma como base este encuentro, y por eso se le llamó El Canto de Ashtavakra, que narra las experiencias iluminadoras que tan renombrado y excelente soberano recibió directamente de la gracia de tan simple y desgraciado Maestro.

Ashtavakra no era muy proclive a aceptar discípulos, y por eso tuvo muy pocos. Cuando el Rey Janaka vino a escuchar la sabiduría del muchacho inválido, se acercó a él muy humildemente, tal y como lo ha de hacer un discípulo, y no como un rey soberano de ejércitos y pueblos. Sorprendentemente, el joven Maestro aceptó al rey inmediatamente como su alumno. Esto ocasionó muchos comentarios en la comunidad: “¡Ah, Ashtavakra no es tan imparcial, tiene favoritos! ¡Él ha aceptado al rey sin las pruebas por las que todos nosotros hemos pasado!”. Este clamor se convirtió en un gran conflicto, del que tenía pleno conocimiento el Maestro Ashtavakra.

Un día el rey llegó tarde a la instrucción, y el Maestro demoró su discurso. En el momento en el que Janaka entraba, Ashtavakra habló: “Hoy he tenido una visión: la capital sufrirá terribles incendios y terremotos; todos allí morirán; quienes tengan aprecio por sus objetos valiosos deberán apresurarse, si quieren salvar algunos de ellos”.

Todos los monjes se marcharon apresuradamente. Sólo quedaron el polvo, el muchacho y el rey, sentados uno frente a otro. El joven dijo directamente: “Gran rey, ¿no hay nada que usted quiera salvar?”. Janaka contestó: “Mi señor y amigo, usted es mi único tesoro”. El inválido cabeceó ligeramente, como asintiendo, y dijo: “Bien; vale, yo soy tu único tesoro. Ahora monta tu caballo, ve, reune a mis alumnos y tráemelos de vuelta. Me he equivocado, la ciudad no estaba en peligro. Toma tu caballo y vete”.

El rey subió a la grupa tal y como le había mandado; puso su pie en el estribo y, al unísono del balanceo de su cuerpo sobre la silla, la iluminación amaneció en su mente. Tragó saliva; miró a su alrededor, y contempló una tierra nueva. Oyó el primer trinar de los pájaros, y entonces vio al Maestro tullido a sus pies. Los dos se miraron mutuamente. A la izquierda del rey, se encontraban los discípulos.

Dándole la espalda, estaban los estudiantes, molestos y enfadados por haber sido enviados, según ellos, de un lado a otro con mandatos necios. Algunos, sin embargo, acertaron a comprender por qué el Maestro había elegido al rey como su discípulo preferido.

Ésto es lo que pasó y se habló ese día que, como en tantos otros, se sentaron y oyeron palabras de nectárea sabiduría del joven gran Maestro que tenía ocho jorobas.

Swami Tilak

Sumario

  1. Hay dieciséis slokas (estrofas) de enseñanza, veinticinco de las cuales muestran cómo el discípulo comprende su propio Yo, en tanto catorce señalan la manera en que el gurú averigua el alcance de la comprensión del discípulo.

  2. Hay cuatro slokas que muestran la dicha de la comprensión, cuatro que transmiten las enseñanzas del gurú, cuatro que muestran la manera en que el sabio conoce el Yo, y cinco en las que el discípulo responde a su conocimiento de la liberación y la esclavitud.

  3. Ocho tratan del no-apego, ocho versan sobre el logro de la paz, y ocho tratan del tema del conocimiento; siete versan sobre la felicidad, y cuatro sobre la dicha.

  4. Hay veinte slokas de enseñanzas sobre la verdad, diez del conocimiento, veinte relatan la naturaleza de la verdad, y cien del contento y la quietud.

  5. Hay ocho slokas sobre el reposo en el Yo, catorce sobre la liberación, y seis que muestran las cantidades de versos del libro, después de lo cual hay un sumario de los capítulos del libro y un sumario de la totalidad.

  6. En el libro hay veintiuna secciones y trescientos dos versos. El trescientos tres último no cuenta. Tres son cinco (elementos), dos son la encarnación, y el Yo supremo y el cero es el espacio o éter.

Om Tat Sat

Capítulo I

Janaka dijo:

  1. ¿Cómo se adquiere la sabiduría, cómo nos aseguramos el renunciamiento? Por favor dímelo ¡Oh maestro!

Ashtavakra respondió:

  1. Hijo mío, si deseas la liberación, debes rehuir los objetos de los sentidos como si fueran veneno, y buscar como agua de vida la caridad, la rectitud, la misericordia, el contentamiento y la verdad.

  2. Tú no eres tierra, tú no eres agua ni fuego, aire ni éter. Sabe que eres el Yo supremo, y que la naturaleza de tu emancipación es el Yo y el testigo.

  3. Si puedes reposar en la consciencia, habiéndote separado del cuerpo, en ese mismo momento alcanzarás la felicidad, el contento de la paz y la libertad de las cadenas.

  4. Tú no perteneces a la casta brahmánica ni a ninguna otra; de ninguna orden formas parte; objeto no eres de la percepción sensual. Por completo desapegado, sin forma, tú eres el que todo lo ve: ¡sé, por ello, feliz!

  5. Bien y mal, placer y dolor en la mente están, no en ti ¡oh Señor! Ni el que hace ni el que goza eres tú. En verdad, tú reinas para siempre en libertad.

  6. Tú, el que todo lo ve, en verdad moras libremente. La única cadena que te ata es esta: que percibes al Ser de forma diferenciada.

  7. Mordido por la gran serpiente negra de la vanidad, piensas: "Yo soy el que obra"; al beber el antídoto de la fe y pensar: "Yo no soy el que obra", serás feliz.

  8. Piensa: "Soy la pura inteligencia"; y con este fuego de la fe, quema la densa selva de la ignorancia; al liberarte del dolor, serás feliz.

  9. Aquello donde el universo parece existir como la serpiente en la cuerda, es la Dicha, la Dicha Suprema; tú, al ser esa consciencia, serás feliz.

  10. Quien se imagina prisionero, en verdad está aprisionado; quien se imagina libre, en verdad no sufre cárcel.

  11. El Yo es el testigo, el que todo lo impregna; el cabal, el libre, el único; inteligencia desprovista de acción, de apego, de deseo, mora siempre en paz. La ilusión hace que Él parezca pertenecer al mundo.

  12. Aprende a entender tu Yo como la eterna Inteligencia, el Uno sin segundo, una vez abandonada la ilusión de que tu ser es un reflejo del Yo, y que las condiciones externas o las condiciones internas lo rozan.

  13. Largo tiempo, hijo mío, has estado sujeto por el lazo de pensar: "Yo soy el cuerpo". Corta el lazo de esta ilusión con la espada de la sabiduría que dice: "Soy el conocimiento", y serás feliz.

  14. Desapegado, inmóvil, autoiluminado, sin mácula, tal eres tú. En verdad, ésta es la única cadena que debes cargar en tu búsqueda del conocimiento.

  15. Tú todo lo impregnas; en verdad, todo en ti se entrelaza. Tú eres la Conciencia Pura. Que tu ánimo no decaiga.

  16. Autogobernado, libre de máculas, siempre cabal, así eres tú, en la impasible felicidad interior. De insondable inteligencia, sin agitaciones, imperturbable, tal eres tú. Debes, para ello, tener tan sólo tu mente dirigida a la consciencia.

  17. Sabe que cuanto tiene forma es falso, que lo sin forma es lo único permanente. En verdad, con esta enseñanza no hay posibilidad de renacer.

  18. Al igual que una imagen en el espejo no es distinta al objeto que refleja, así el Alma, el Señor del Cuerpo, es el mismo adentro y afuera.

  19. Al igual que el espacio que todo lo penetra es el mismo, dentro y fuera de una vasija, así es el Eterno, el Uno que mora en todos los seres.

Capítulo II

El discípulo dice:

  1. ¡Ah! Inmaculado, pacífico soy, el Yo de inteligencia que trasciende la materia. Hasta ahora he sido burlado por la ilusión de los fenómenos.

  2. Al igual que ilumino este cuerpo, así ilumino el universo. Por ello, mío es el universo entero, o nada es mío.

  3. Puesto que he renunciado al mundo y al cuerpo, de algún modo percibo ahora al Yo supremo, mediante la sabiduría adquirida, merced a las enseñanzas del Maestro.

  4. Al igual que las olas, la espuma y las burbujas nada son sino el agua de la que provienen, así ocurre con el mundo emanado del Yo supremo: nada es sino el Yo supremo.

  5. Al igual que el azúcar impregna el jugo de la caña y la dulzura impregna el azúcar, así ocurre con el mundo que me ilusiona, en tanto Yo impregno el mundo.

  6. El mundo parece existir porque se ignora el Yo. El conocimiento del Yo hace que no resulte real. La serpiente parece existir porque se ignora que es una cuerda; al percibirse la cuerda como tal, la serpiente cesa de existir.

  7. La luz es mi más profunda naturaleza; nada soy, sino luz. Al iluminarse el mundo, soy Yo que lo ilumino.

  8. ¡Ah! El mundo me envuelve en su ilusión, y existe en mí merced a la ignorancia, como la plata en la madreperla, la serpiente en la cuerda y el agua del espejismo a la luz del sol.

  9. El mundo que de mí ha emanado en mí se resuelve, como la vasija en el barro, la ola en el océano y el brazalete en el oro de que está compuesto.

  10. ¡Ah! ¡De maravilla soy! A mi propio Yo reverencio, que no conoce la decrepitud, y que sobrevive a la destrucción del mundo entero, desde Brahma hasta una hoja de hierba.

  11. ¡A! De maravilla soy! Ante mi propio Yo me inclino, que sigue siendo Uno, aún unido a un cuerpo; que de ninguna parte viene, a ninguna parte va, y todo lo impregna.

  12. ¡Ah! ¡De maravilla soy! A mi propio Yo reverencio. Nadie en sabiduría me supera a mí, que sin ser rozado por el cuerpo, llevo no obstante al mundo en mí, para siempre.

  13. ¡Ah! ¡De maravilla soy! A mi propio Yo saludo, al que nada de aquí le pertenece, aun cuando le pertenezca cuanto se halle dentro del alcance del discurso y el pensamiento.

  14. El conocimiento, el conocedor y lo conocido, en realidad no existen. Eso, en lo cual estas tres cosas parecen existir en razón de la ignorancia, Eso soy Yo, el inmaculado.

  15. ¡Oh! El pesar clava sus raíces en la dualidad. Ninguna cura existe para ello, excepto el comprender que soy la Dicha, la Inteligencia y la Pureza.

  16. Tan sólo el conocimiento Soy; a mi propio Yo le he puesto límites en razón de la ignorancia. He reflexionado constantemente y el descanso hallé en Eso, que está más allá de la mente.

  17. La libertad y las cadenas ya no son mías. La ilusión incesante se ha desvanecido. ¡Ah! el mundo se halla en mí, o en verdad en mí no está.

  18. El mundo y el cuerpo nada son: esto he descubierto. El Yo es la Pura Conciencia misma. ¿Por qué, entonces, el uno se superpondría a la otra?

  19. Cuerpo, infierno y cielo, libertad, esclavitud y miedo, todas éstas son meras imaginaciones. ¿Qué debería hacer Yo, cuya naturaleza es la Conciencia?

  20. ¡Ah! A mí, que no veo ninguna dualidad, aun en una multitud, a mí, que me está reservado un bosque, ¿a qué me he de adherir?

  21. No soy el cuerpo, ni el cuerpo es mío. El yo individual no soy, soy la Conciencia. En verdad, tal es mi esclavitud: estar adherido a la existencia personificada.

  22. Ah! En Mí, el océano ilimitado, al levantarse el viento de la muerte, forma olas que toman la apariencia de innumerables mundos de figura diversa.

  23. Al cesar el viento de la muerte, la barca del infortunado mercader, el yo personificado, se desvanece en Mí, el gran océano insondable.

  24. En mí, el gran océano insondable, las olas de los diversos yoes particularizados se elevan, golpean entre sí, juegan y desaparecen de modo magnífico.

Capítulo III

  1. Al saber que tu Yo es el Yo único e indestructible, ¿cómo puedes tú, un sabio, un conocedor del Yo, continuar en la búsqueda de riquezas?

  2. ¡Discípulo mío! el apego a los objetos, que son por esencia ilusorios, surge por la ignorancia del Yo, al igual que el deseo; así como el confundir un trozo de madreperla con la plata, surge por el desconocimiento de la madreperla.

  3. Puesto que sabes que eres Aquello en que el mundo parece existir como las olas en el océano, ¿por qué corres como un desvalido?

  4. Puesto que sabes que el Yo es la Pura Conciencia y Belleza, ¿por qué eres esclavo de la codicia y la impureza?

  5. De maravilla es que, aun en el sabio que ve el Yo en todos los seres y a todos los seres en el Yo, perdure todavía el sentido de "lo mío".

  6. De maravilla es que, aún quien habita en la unidad suprema y tiene el designio de la liberación, perdure en la sujeción al deseo y en la agitación por los deleites sensuales.

  7. Al conocer la naturaleza del gran enemigo de la sabiduría, ¿cómo puede el sabio, que ve aproximarse su fin, abrigar afecto por los objetos sensuales?

  8. ¡De maravilla es que, hasta aquel que no siente apego por los objetos de este mundo o el otro, que discierne entre lo eterno y lo no-eterno, que está empeñado en la emancipación, siente temor por esa misma emancipación!

  9. Alabado o denigrado, el sabio de mente dominada, ve sólo el yo y por nada siente ira o agrado.

  10. Al ver su propio cuerpo moverse como si fuera ajeno, ¿como podría esa gran alma estar perturbada por el elogio o la censura?

  11. Al ver el mundo como una ilusión, cesada toda curiosidad, ¿cómo habrá de temer nada el hombre de mente dominada, aún la proximidad de la muerte?

  12. Esa grande alma cuya mente está desprovista de deseo, aún por lo que está más allá del deseo, que encuentra la paz en la autocomprensión, ¿tiene algo con que pueda comparársele?

  13. El hombre de mente fuerte, sabedor de que lo visible es por esencia una mera nada, no ve nada que deba alcanzarse ni nada que deba evitarse.

  14. El que se ha quitado toda impureza interna, que libre está de cualquier idea de diversidad, y se ha elevado por sobre la esperanza, el uso de los objetos sucediéndose en su curso natural, no le depara placer ni dolor.

Capítulo IV

  1. ¡Oh alegría! La comparación no cabe entre el sabio que conoce su Yo y transita el mundo de los sentidos, y las bestias de carga que, uncidas, están al yugo del mundo.

  2. ¡Oh alegría! El asceta que mora donde Indra y los demás Dioses desearon en vano, no ostenta soberbia alguna.

  3. Bien y mal no rozan el Yo interior de quien Aquello conoce. El espacio, aunque parece estar cubierto por el humo, en verdad ni siquiera es tocado por aquel.

  4. El hombre de grande alma sabe que todo esto es sólo el Yo; ¿habrá entonces quien pueda prohibirle moverse como desee?

  5. En el mundo compuesto de las cuatro clases de criaturas, desde Brahma hasta una hoja de hierba, el que conoce el Yo es el único que tiene la fuerza de renunciar al placer y el dolor.

  6. El liberado, el que conoce su propio Yo, emancipado está de la dualidad, como el Señor del Mundo. Tal como conoce, obra. Alguien semejante no sufre los embates del miedo por parte alguna.

Capítulo V

El maestro dice:

  1. No te apegues a nada que llames tuyo; puro eres, ¿a qué anhelas renunciar? Al disolver el agregado corporal en el Ser, has de encontrar la absorción en tu propio Yo.

  2. El mundo surge en ti como las burbujas en el océano. Así, al saber que el Ser es Uno, has de encontrar la absorción en tu propio Yo.

  3. El mundo, aunque presente a los sentidos, en realidad no está en ti, el Puro. Se halla como la serpiente en la cuerda. Por ello has de encontrar la absorción en tu propio Yo.

  4. Idéntico en el placer y el dolor, cabal, parejo en la esperanza y la decepción, imperturbable ante la vida y la muerte, has de encontrar la absorción en tu propio Yo.

Capítulo VI. En realidad, no hay emancipación ni absorción en el yo

  1. Tal como el espacio ilimitado soy, igual a una vasija este mundo es, forjado en la materia. Este es el conocimiento. No existe el apego, la renuncia ni la absorción.

  2. Soy el gran océano donde el mundo es una ola. Este es el conocimiento. No existe el apego, la renuncia, ni la absorción.

  3. Soy esa madreperla sobre la que se superpone este mundo cual si fuera plata. Este es el conocimiento. No existe el apego, la renuncia ni la absorción.

  4. Estoy en todos los seres y todos los seres están en mí. Este es el conocimiento. No existe el apego, la renuncia ni la absorción.

Capítulo VII. Comprensión del yo en la vida mundana

  1. En Mí, el océano ilimitado, la barca del mundo se agita de uno a otro lado, impelida por el viento de la muerte, mas eso no Me afecta.

  2. En mí, el océano ilimitado, la obra del mundo se yergue y desvanece, mas eso no aumenta ni disminuye mi caudal.

  3. En Mí, el océano ilimitado, el mundo, tan sólo se superpone. En extremo calmo, sin forma Soy; así he de permanecer.

  4. El Yo no está en lo visible, ni lo visible en lo que es ilimitado y sin mácula.

  5. ¡ Ah! La Inteligencia misma soy. El mundo es el espectáculo de un mago ¿Cómo se puede, entonces abrigar ideas de aceptación o de renuncia?

Capítulo VIII. La naturaleza de la liberación y de la esclavitud

  1. Esto es la esclavitud: la mente que todo lo desea, que por todo se aflige, que se aferra a todo, que de todo se apodera, que se siente desdichada por todo, y por todo siente ira.

  2. Esto es la liberación: la mente que nada desea, que por nada se aflige, que no se aferra a nada, que de nada se apodera, que por nada se siente desdichada, ni dichosa ante nada.

  3. Esto es la esclavitud: la mente que se apega a la condición que fuere. Esto es la liberación: la mente que no se apega a ninguna condición, sea la que fuere.

  4. Donde no hay ego reina la liberación; donde hay ego, la esclavitud reina. En posesión de este conocimiento, no tomes ni evites nada de la vida.

Capítulo IX. Sobre la impasibilidad

  1. Las cosas obradas y no obradas, y los pares de opuestos, ¿cuándo alcanzan el reposo y para qué? En posesión de este conocimiento, aun cuando en este mundo permanezcas, a través de la impasibilidad, emprende el renunciamiento y libérate de los votos.

  2. ¿Quién, hijo mío, es el afortunado que, de puro mirar el espectáculo del mundo, ha hecho que el anhelo vital, el amor por el gozo y la sed de conocimiento alcancen el reposo?

  3. Impermanente es todo esto, socavado por la triple miseria, carente de esencia, cargado de máculas, apto para ser desechado.

  4. ¿Qué es el tiempo, qué la edad, cuándo los opuestos no existen para el hombre? No prestándoles atención, haciendo lo que surge en el momento, el hombre logra la perfección.

  5. Múltiples son las doctrinas de los grandes sabios, y también las de santos y ascetas. Una vez que las ha comprendido, llegando a la impasibilidad, ¿qué hombre no alcanzará la paz?

  6. El que ha obtenido la comprensión completa de la Esencia Consciente mediante la práctica de la impasibilidad y la ecuanimidad, siendo un maestro excelente, se transforma en un sabio del mundo.

  7. Tan pronto veas que las modificaciones de los elementos nada son en verdad, sino únicamente elementos básicos, en ese mismo instante, liberado de la esclavitud, morarás en tu propia naturaleza.

  8. El mundo nada es, sino impresiones mentales: dispérsalas. La renuncia a aquél precede a la renuncia a éstas. Puesto que tu condición es el ahora, aquí permanece.

Capítulo X. Sobre la quietud

  1. Una vez dejado de lado el deseo, el enemigo, el funesto deseo de riquezas y también el deber, causa de ambos, deja de lado el apego y muéstrate indiferente ante todo.

  2. Sabe que amigos, tierras, bienes, esposas y riquezas nada son sino imágenes de sueño o espectáculos de un mago cuya duración no excede los tres o cinco días.

  3. Sabe que el mundo existe cuando hay deseo. Aplícate al firme no-apego, y así, al verte libre del deseo, serás feliz.

  4. La esclavitud es el deseo, su destrucción la libertad. El no-apego a lo visible conduce gradualmente a la dicha que sigue a la comprensión del Yo.

  5. Tú eres Uno, Inteligente y Puro; el mundo está desprovisto de inteligencia y es falso. La ignorancia misma nada es; ¿qué puede significar para ti la sed de conocimiento?

  6. Reinos, hijos, esposas, cuerpos y placeres, todo has ido perdiendo, nacimiento tras nacimiento, aun cuando a ellos te apegabas.

  7. Cesa ya, entonces, el amor por las riquezas, el deseo y aún las buenas obras. En ninguna de ellas la mente encuentra reposo en la selva del mundo.

  8. ¿Durante cuántas encarnaciones te arrebató la acción en cuerpo, mente y palabra, acabando todo en molestia y confusión? Cesa entonces ahora de obrar.

Capítulo XI. Sobre la sabiduría

  1. La existencia y la no-existencia y sus modificaciones, todo es debido a la naturaleza de las cosas. En la segura posesión de este conocimiento, imperturbable y libre de dolor, el hombre encuentra, sin dificultades, la paz.

  2. Ishvara es el creador de cuanto existe. No hay otro. En la segura posesión de este conocimiento, en reposo el deseo interior, el hombre encuentra la paz, y a nada se apega.

  3. Las acciones pasadas traen riqueza y miseria en sucesión implacable. Domínate al saberlo; pues al tener los órganos de los sentidos gobernados, ya nada se desea, no se siente dolor por nada.

  4. Placer y dolor, nacimiento y muerte, a las pasadas acciones se deben. En la segura posesión de este conocimiento y la capacidad de mantenerlo, libre de ansiedad, el hombre no sufre máculas, aun cuando se empeñe en la acción.

  5. El cuidado produce dolor, no otro obrar trae. En la segura posesión de este conocimiento, el hombre se eleva por sobre el cuidado y la felicidad, y encuentra la paz y la libertad de todo apego.

  6. "No soy este cuerpo, ni este cuerpo es mío. Soy la consciencia misma". El que posee con seguridad este conocimiento alcanza la unión, sin recordar ya lo que ha hecho o no ha hecho.

  7. "Desde Brahma hasta una hoja de hierba, en verdad, soy todo esto": el que posee con seguridad este conocimiento, libre se halla de pensamientos contradictorios, encontrándose puro, en paz e indiferente a lo que se logra y lo que no se logra.

  8. “Este mundo múltiple y maravilloso, en verdad nada es". En posesión de este conocimiento, libre de deseos y conocimientos específicos, el hombre encuentra el reposo.

Capítulo XII. Sobre la comprensión de lo mismo por el discípulo

  1. Al principio no me sentí propenso al obrar corporal; luego a sostener el discurso, y por último, al obrar de la mente. En ese estado me hallo.

  2. El sonido, las formas, los olores, los gustos y objetos táctiles han dejado de ser motivo de conocimiento; los sentidos han dejado de distraer mi mente, que permanece en una libre firmeza. En ese estado me hallo.

  3. La práctica que conduce al samadhi borra igualmente la distracción causada por la superposición mundanal y lo demás. En posesión del conocimiento de que esta es la regla, me encuentro. En ese estado me hallo.

  4. Nada tengo que ganar ni que perder; no tengo alegría ni tengo pena. ¡Oh conocedor de Brahman, así me hallo!

  5. Las reglas de la orden, la condición de quienes han dejado la orden, la meditación y el renunciamiento a lo adquirido, todo ello significaba distracciones para mí. En posesión del conocimiento de que esto es así, habito en mi propio Yo.

  6. La realización de las acciones se debe tanto a la ignorancia como su cesación. En la firme posesión de este conocimiento me encuentro. En ese estado me hallo.

  7. Meditar en lo que no es objeto de meditación conduce al hombre a ejecutar una acción mental. He renunciado a esta idea, e inconmovible me hallo donde me encuentro.

  8. El que obra así ha alcanzado cuanto debe ser alcanzado. ¿Qué puede necesitar quien por naturaleza es así?

Capítulo XIII. Sobre la felicidad

  1. La tranquilidad de la mente, resultante de la ausencia de todo apego, difícil es de alcanzar: nada debe subsistir, ni el más ligero apego al objeto más pequeño, tal como un trozo de tela usado para atarse la cintura. Abandonadas así la búsqueda y la renuncia, moro en la felicidad.

  2. Existen los acicates del cuerpo, existen los acicates de la mente, existen los acicates de la palabra; habiendo renunciado a ello, moro en la felicidad de mi propio Yo.

  3. Nada de lo que hace el cuerpo o los órganos de los sentidos es hecho por el Yo. En el conocimiento de esta verdad, hago lo que se me presenta y moro en la felicidad.

  4. La inclinación al obrar y el cese del obrar, reservados le están al asceta apegado al cuerpo. En la renuncia al apego y en el no-apego, moro en la felicidad.

  5. Sentado, en marcha o durmiendo, nada pierdo ni gano nada. Por ello, sentado, en marcha o durmiendo, moro en la felicidad.

  6. En el dormir nada pierdo; en el luchar no pierdo nada. Ya habiendo renunciado a pérdidas y ganancias, moro en la felicidad.

  7. Una y otra vez, habiendo sentido la inestabilidad del placer y el dolor en cada nacimiento sucesivo, he renunciado al bien y al mal, y moro en la felicidad.

Capítulo XIV. Sobre la condición dichosa del discípulo

  1. En verdad el mundo agotó aquel cuya mente se ha vaciado naturalmente de todo pensamiento, aquel cuya mente toma consciencia de la existencia externa sólo por descuido y que, dormido, en verdad está despierto.

  2. ¿Dónde van los ricos, los amigos y esos ladrones conocidos como objetos de los sentidos, dónde el sastra y su conocimiento, cuando todo deseo ha cesado de existir en mí?

  3. Una vez comprendido el Testigo, el Yo supremo, El Señor, desaparecidos el anhelo de renuncia y la esclavitud, ya no existe ansiedad por la emancipación.

  4. La condición de aquel cuya mente ha cesado de actuar, pero que vaga por el mundo como en una ilusión, sólo puede comprenderla otro ser como él.

Capítulo XV. Sobre el conocimiento del yo

  1. El hombre de intelecto puro logra su objetivo aun con enseñanzas recibidas de manera accidental; mas el de intelecto impuro, aun cuando reciba enseñanzas repetidamente, no cesa de caer en el error.

  2. El desdén por los objetos de los sentidos es liberación; el amor por los objetos es esclavitud. Esto es el conocimiento; actúa como prefieras.

  3. Este conocimiento torna mudo al elocuente, ignorante al sabio y ocioso al activo. Por ello, quienes aman los objetos lo rehuyen.

  4. Tú no eres el cuerpo ni el cuerpo es tuyo; no eres un actor ni alguien que goza. Tú eres la consciencia misma, el testigo eterno, el siempre Libre. Tú andas con felicidad.

  5. El apego y la aversión son condiciones de la mente, y la mente nunca es tuya. Libre de toda distracción, eres el conocimiento mismo, inmutable; tú andas con felicidad.

  6. En posesión del conocimiento de que tu yo está en todos los seres y que todos los seres están en tu propio yo, libre de toda idea de ego o pertenencia, tú andas con felicidad.

  7. Aquello donde el mundo surge cual olas en el océano, Eso en verdad eres tú. ¡Oh Inteligencia Suprema!, libérate de toda fiebre.

  8. Ten fe, hijo mío, ten fe: no te engañes con esto. Tú eres la Conciencia, tú eres el Señor, tú eres el Yo que trasciende la materia.

  9. El cuerpo recubierto por los órganos de los sentidos va y viene. El Yo ni va ni viene; ¿por qué, entonces, lamentarte por él?

  10. Que el cuerpo acabe al terminar un ciclo cósmico, o que se vaya hoy mismo; ¿qué incremento o disminución puede producir en ti el Yo de inteligencia mismo?

  11. Que las olas del mundo se eleven o caigan en Ti, el océano ilimitado, no producirán incremento o disminución en Ti.

  12. Tú, hijo mío, eres la Conciencia misma. El mundo de ti no difiere. Por ello, ¿de quién es, de dónde viene el deseo o la aversión?

  13. En Ti, Único libre de vejez, Dicha eterna, Inteligencia Absoluta, siempre Puro, ¿dónde encontrar el nacimiento, la acción o la idea de ego?

  14. En lo que tú ves, sólo tú eres visto. ¿Acaso las ajorcas, los brazaletes o los dijes difieren del oro de que están compuestos?

  15. "Soy como él"; "No soy como él"; abandona toda idea de separatividad. En posesión del conocimiento de que todo es Yo, te liberarás de las condiciones mentales, y morarás en la felicidad.

  16. Este mundo surge, en verdad, de tu propia ilusión. En realidad, sólo tú eres uno. No hay otro Yo encarnado que tú, nadie que haya trascendido la rueda del existir.

  17. Este mundo no es sino ilusión. El que lo sabe, encuentra la paz. Todo anhelo concluido, el que lo sabe se instala en la Conciencia suprema, y halla el descanso, cual si fuera la nada.

  18. En el gran océano de lo visible, sólo el Uno es, fue y será. No hay para ti liberación ni esclavitud; satisfechos todos los deseos, morarás en la felicidad.

  19. La inteligencia misma eres; no perturbes la mente con pensamientos contradictorios. Encuentra el descanso y mora con felicidad en tu propio Yo, encarnación de la dicha.

  20. Abandona toda meditación, no guardes nada en tu corazón. Tú eres en verdad el Yo, libre de esclavitud; ¿qué podrá hacer por ti la meditación?

Capítulo XVI

  1. Tú, hijo mío, puedes discurrir repetidamente u oír diversos sastras pero no habrá paz para ti sino merced al olvido universal.

  2. Tú puedes gozar de los objetos (del mundo), emprender acciones o recurrir a la meditación; mas ¡oh sabio! recién cuando tu mente se purifique de los deseos, se sentirá atraída por lo que trasciende todo objeto.

  3. El obrar causa dolor, pero nadie lo sabe. Bendito sea quien logre paz por esta lección.

  4. El que siente que aún el movimiento de sus párpados es una carga, el que es hábil en la inacción, hallará la felicidad; ése, y no otro.

  5. "Esto fue hecho", "esto no fue hecho"; cuando la mente se libera de estos pensamientos opuestos, se torna indiferente a la virtud, la riqueza, al placer y la liberación.

  6. El asceta evita los objetos de los sentidos, el hombre mundanal tras ellos se precipita; mas quien se ha liberado ni se precipita tras ellos, ni los evita.

  7. En tanto el deseo, vástago de la ignorancia, esté vivo, vivos estarán el apego y la aversión, semilla y retoño de la rueda del existir.

  8. La acción fomenta el apego. El cese del obrar conduce a la aversión. El hombre de sabiduría, libre de ambos opuestos, flota sobre ellos como un niño.

  9. Tan sólo quien goza de una mente en verdad libre, no siente apego o aversión hacia la virtud, la riqueza, el placer o la liberación.

  10. El que está apegado al mundo anhela que el renunciamiento lo libere de sus conflictos. Mas el que carece de apego, libre está de congoja, y no sufre desdicha por vivir en el mundo.

  11. El que hallándose en el estadio de liberación, de ésta es consciente tanto como de su cuerpo, no es un sabio ni un asceta, sino que en realidad está destinado a ser desdichado.

  12. Mahadeva, Vishnú y Brahma pueden ser tus preceptores; mas si no ejerces el olvido universal, no habrá paz para ti.

Capítulo XVII. Sobre la condición del conocedor del yo

  1. En verdad, ha logrado el fruto del conocimiento y el fruto de la práctica del Yoga quien, autogobernado, con los sentidos purificados, permanece siempre en soledad.

  2. El conocedor de la verdad nunca se siente desdichado en el mundo, puesto que con su propio Yo impregna la totalidad del universo.

  3. Los objetos de los sentidos no le proporcionan deleite a quien encuentra satisfacción en su propio Yo. Las hojas del árbol nim no le proporcionan satisfacción al elefante que gusta alimentarse con las hojas del árbol salaki.

  4. Una rareza es, quien no alimenta afecto por las cosas conocidas ni corre tras las desconocidas.

  5. El hombre de placer, y el aspirante a la liberación, se encuentran ambos en el mundo.

  6. Feliz es quien no siente ansiedad por el cese del deseo mundano ni aversión porque continúe, sino que acepta lo que viene en el transcurso de las cosas.

  7. Una vez logrado su objetivo del conocimiento del Yo, con la mente en él absorta, vive aquél en felicidad, tanto si ve como si oye, toca, huele o come.

  8. La persona para quien el océano del mundo se ha secado, la acción de la mente se le torna carente de objetivo, la acción del cuerpo carente de frutos, y la acción de los sentidos automática.

  9. ¡Ah! maravillosa es la condición del alma realmente liberada, que no está dormida ni despierta, que no parpadea ni deja de parpadear.

  10. En paz dondequiera, con puro corazón, libre de todo deseo, el alma liberada brilla por doquier.

  11. Al ver, oír, tocar, asir, hablar y moverse, el sabio sigue libre del apego y la aversión. El hombre de grande alma está en verdad liberado.

  12. El hombre de alma liberada no censura ni ruega, no está feliz ni apesadumbrado, no toma ni da. Por siempre, libre se halla de apegos.

  13. A la vista de una mujer enamorada, o ante la proximidad de la muerte, el hombre de grande alma se mantiene imperturbable. En verdad, libre es.

  14. Placer y dolor, hombre y mujer, opulencia y pobreza, no tienen diferencia para el sabio, que ve la unidad dondequiera.

  15. El ser para quien el mundo ha cesado de existir, no encuentra causas de injuria ni perdón; para él no existen el orgullo y el desaliento, la maravilla o la perturbación del espíritu.

  16. El alma liberada no rehuye los objetos de los sentidos ni los apetece; con la mente siempre desapegada, acepta lo que viene.

  17. Aquel cuya mente ha cesado de actuar, no conoce la supresión de la mente ni las acciones de ella derivadas; no conoce el afanarse por lo placentero ni el evitar lo doloroso: tal ser en la unidad mora.

  18. Libre de la idea de ego o pertenencia, y comprendiendo que todo es nada, con los deseos en reposo, nada hace, aunque obre.

  19. Aquel cuya mente ha logrado sumirse en el Yo, libre está de los conocimientos específicos, del sueño y la estupidez. Tal ser logra una condición indescriptible.

Capítulo XVIII. Sobre la paz

  1. Reverencia a Aquello que se devela con el conocimiento de que este mundo ilusorio es un sueño. Reverencia a Aquello cuya naturaleza es en verdad la dicha misma, que siempre está sereno, que resplandece siempre.

  2. El hombre logra el regocijo mediante la diversidad de objetos. Mas sin la renuncia universal, no logra el hombre la felicidad.

  3. El hombre cuya mente abrasa el calor del sol de las cosas por hacer, ¿dónde encontrará la paz, si no es refrescado por las aguas de ambrosía del contento?

  4. Lo fenoménico nada es, sino un estado de consciencia. En realidad carece de existencia. Las entidades que experimentan la existencia y la no existencia, nunca cesan de ser.

  5. No distante ni limitado, siempre presente, se halla el Yo, libre de distracciones, de penas, de cambios y dueños.

  6. Aquellos cuya ilusión se ha desvanecido mediante la autocomprensión, logran liberarse del dolor, por el mero suprimir la ilusión que oculta la claridad del percibir.

  7. Todo esto es meramente una acción mental. El Yo, eterno, siempre es libre; sabiendo esto, ¿el sabio se comprometerá en las acciones como un niño?

  8. El que sabe que su propio Yo es Brahman y que la existencia y la no-existencia se deben a un fenómeno de superposición, ¿qué debe conocer, decir o hacer, él, que libre está del deseo?

  9. "Esto soy", "No soy esto"; ideas tales no perturban al asceta que, sabiendo que todo ego es el Yo, se sume en el silencio.

  10. El asceta que ha encontrado la paz, no padece distracciones ni concentración, exceso de conocimiento ni ignorancia, placer ni dolor.

  11. El asceta cuya mente ha cesado de actuar, sea que gobierne un reino o que vague como un mendigo, que gane o pierda, que viva en sociedad o retirado, ninguna diferencia encuentra.

  12. ¿Dónde está la virtud, dónde el placer y la riqueza, dónde el conocimiento y la idea de lo realizado, para el asceta que libre se halla de todo sentimiento de dualidad?

  13. El asceta liberado ya en vida, que toma las cosas tal como vienen, nada tiene que hacer, ningún anhelo alimenta.

  14. ¿Dónde está la ilusión, dónde los pensamientos que de él derivan, dónde la liberación para el hombre de grande alma, que ha encontrado el reposo en la meta de todo deseo?

  15. El que comprende el mundo puede negar su existencia; mas, ¿qué hace quien no alienta deseos? Comprende y a la vez no comprende.

  16. El que cree que el Supremo está separado de sí, puede meditar sobre Brahma. Mas el sabio, que ha trascendido los pensamientos, ¿sobre qué puede meditar, al no ver la dualidad?

  17. El que ve distracción en el Yo, puede embarcarse en gobernarlo; mas el hombre de grande alma no se distrae. No teniendo nada que realizar, ¿qué puede hacer?

  18. El sabio, aun cuando actúe como el hombre común, se encuentra libre de sus ansiedades. Él no ve para sí concentración de la mente, distracciones, ni siente apego por nada.

  19. El hombre de sabiduría, libre de toda idea de existencia y no-existencia, autosatisfecho y libre de deseos, nada hace, aun cuando actúe a la vista del mundo.

  20. El hombre de firme intelecto no siente ansiedad por la acción ni por la no-acción; hace lo que se le presenta en el momento, y mora en la felicidad.

  21. Por sobre todo apego e idea de acción, libre, rotas sus cadenas, se mueve impulsado por la actividad de sus pasadas acciones, cual una hoja seca impulsada por el viento.

  22. El que ha conseguido escapar de la rueda del existir no siente alegría ni pena; siempre frío y calmo, vive como si no tuviera cuerpo.

  23. El que encuentra la felicidad en su propio Yo, cuya mente está en calma y pura, no siente deseos de renunciar, ni expectativa alguna.

  24. El que está autogobernado, cuya mente no obra, cuyas acciones reciben únicamente el impulso de su pasado obrar, aun cuando actúe como una persona común, no sufre honra ni deshonor.

  25. El que sabe que el cuerpo es el que actúa y no el puro Yo, ese ser, aunque obre, en realidad no actúa.

  26. El hombre de mente liberada, aun cuando no lo dice, cumple su parte en la vida, sin ser como los niños. Por el mundo se mueve con felicidad, y luce atractivo y bendito por la buena fortuna.

  27. Hastiado de los pensamientos contradictorios, el sabio encuentra la paz. No desea, no percibe, no ve ni oye nada.

  28. El hombre de grande alma no aspira a la libertad; no ansía el samadhi, puesto que para él no hay distracciones; sabiendo que todo es ilusión, mora en su propio Yo, cual si fuera Brahman.

  29. El que abriga la idea de ego, obra aunque no actúe. Mas el sabio que libre se halla de la idea de ego no transita la acción, aunque obre.

  30. La mente del emancipado serena se halla, sin experimentar placer y sin actuar; libre del deseo y la duda, la mente del sabio resplandece.

  31. La mente de quien no ansía el descanso ni el movimiento, medita y actúa cual si careciera de motivo.

  32. El ser de mente débil se siente perturbado al oír exponer estas verdades, o se sume en meditación para conocer el significado de los sastras. Este ser, aunque no es un niño, actúa como tal.

  33. La concentración y el sometimiento de la mente constituyen el refugio constante del tonto. El sabio no ve que deba hacerse nada: en su propio yo descansa tal; los demás, en el sueño.

  34. El necio no alcanza la paz por el obrar ni por la ausencia de acción; el sabio encuentra el descanso por la mera indagación de la verdad.

  35. Dado que no conocen el Yo, que es pura Inteligencia, el objeto del amor supremo, el perfecto que sin mácula se halla por sobre la nada del existir, las gentes se embarcan en prácticas diversas.

  36. El necio no logra la emancipación, ni aún mediante la práctica constante. El bienaventurado logra la libertad del obrar por el mero conocimiento.

  37. El necio no alcanza a Brahma porque a él aspire. Mas el sabio es el mismo Yo de Brahma, sin desearlo.

  38. Los necios, puesto que no tienen un fundamento sólido y están impacientes por alcanzar el Brahman o la liberación, acaban por uncirse con más firmeza al mundo. El sabio, por el contrario, corta la raíz del mundo, fuente de toda miseria.

  39. El necio no alcanza la paz porque luche por alcanzarla. Mas el sabio, habiendo indagado la verdad, tiene su mente siempre en paz.

  40. ¿Cómo puede lograr la visión del Yo aquel que se adhiere a lo visible? Los sabios no ven los fenómenos; tan sólo contemplan su propio Yo inmortal.

  41. ¿Cómo puede estarle reservado el samadhi al necio que lucha para romper las cadenas? El sabio que encuentra la felicidad en su propio Yo, goza sin esfuerzo la superación de la mente.

  42. Algunos creen que lo visible existe realmente; otros dicen que en realidad no existe, en tanto un tercero afirma que es real e irreal a la vez. Mas sólo puede saberlo quien conoce su verdadera naturaleza, estando, así, libre de distracciones.

  43. Los hombres de entendimiento torcido meditan en el Yo siempre puro, sin segundo, mas lo perciben a través de la ilusión, por lo cual no encuentran paz en toda su vida.

  44. El intelecto del que aspira a la liberación no puede prescindir de soporte. Mas el intelecto del que se ha liberado no necesita soporte, estando por siempre libre del deseo.

  45. Los necios, al ver a esos tigres, conocidos como objetos de los sentidos, se precipitan tras ellos; se asustan y buscan de inmediato refugio en la cueva de la supresión mental, sumiéndose en el meditar o la concentración; mas esto no ocurre con el sabio que no les presta ningún cuidado.

  46. Los elefantes de los deleites sensuales, viendo al tigre del renunciamiento, huyen con pavor; o, cual parásitos en torno al rico, se dedican a servirlo.

  47. El hombre cuya mente está dirigida hacia el Yo y cuyas dudas se han disipado, no lucha por encontrar la forma de liberarse. En tanto ve, oye, toca, huele o degusta, mora en la felicidad.

  48. Por el mero oír sobre la cosa en sí misma, el de intelecto puro se libera de la distracción. Nada ve que deba ser hecho ni que deba evitarse, mas tampoco se aplica a la acción.

  49. Sea lo que fuere se le presente, agradable o disgustante, sin rodeos lo acepta.

  50. La libertad conduce a la dicha, conduce al Supremo, conduce a la paz, conduce a la morada suprema.

  51. Tan pronto sabemos que el Yo siempre está libre de la acción y del gozo del fruto resultante, todas las acciones de la mente logran atenuarse.

  52. La condición del sabio brilla aun en su libertad natural; no así la paz artificial de la mente del necio, en cuyo corazón acecha el deseo.

  53. Los sabios de mente libre gozan en ocasiones de los objetos sensoriales, y otras veces se retiran a una cueva en la montaña. Su intelecto, siempre liberado, a nada se encadena.

  54. Ninguna clase de deseos acecha jamás en el corazón del sabio, cuando ve y honra al hombre instruido, a un dios, una mujer, un rey o un objeto de afección.

  55. El asceta no pierde nunca ni una pizca de la ecuanimidad de su temple, aun cuando lo ridiculicen sus propios sirvientes, sus hijos o esposas, los vástagos de sus hijos, o sus parientes.

  56. Aun cuando agradado, no siente agrado; aunque disgustado, no siente disgusto. Su magnífica condición tan sólo la puede conocer otro sabio semejante.

  57. El mundo es meramente la idea de las cosas a realizar. Mas los sabios así no lo ven. Desapegados de la forma, carecen de forma, por siempre libres de perturbaciones y conflictos.

  58. El necio, aun cuando no haga nada, está distraído e inquieto. El sabio, aun cuando haga lo que debe hacerse, nunca sufre inquietud.

  59. Satisfecho se sienta, satisfecho duerme; feliz va y viene; feliz habla, feliz come, aun cuando en el mundo se halle, el hombre de mente serena.

  60. El que no se siente perturbado por actuar como los demás, por la fuerza de su conocimiento del Yo, el que permanece en calma cual un lago profundo, el que no siente dolor, ése es un ser feliz.

  61. El necio convierte en acción el cese del obrar; al sabio, la acción le da el mismo fruto que el cese del obrar.

  62. El necio es quien muestra aversión por los objetos del mundo -tal la casa, la esposa, los hijos, el cuerpo y demás-, sin tratar de conocer la raíz del mal; mas, para quien ha perdido todo sentido del yo en el cuerpo, ¿dónde están el apego y el no-apego?

  63. La mente del necio se dirige siempre a acariciar un pensamiento o a suprimir otro. Mas la visión del sabio, aunque aparentemente esté enfocada hacia el mundo, en verdad no está así dirigida, puesto que ha destruido toda idea de egoísmo.

  64. Ese sabio puro, que se mueve como un niño, no sujeto por condicionamientos, y que libre está de todo deseo, no sufre contaminación, aun cuando puede estar ocupado en los asuntos mundanales.

  65. En verdad es el bendito del Yo, que conserva la ecuanimidad de la mente bajo cualquier condición, tanto si mora, oye, toca, huele o degusta. Su mente, por siempre libre está del deseo.

  66. ¿Dónde está el mundo, dónde el objeto a alcanzar, dónde los medios para lograrlo, para el sabio que, cual espacio ilimitado, libre está de toda acción mental?

  67. El que inmerso está en lo ilimitado, perfecto es, aun cuando se suma en los objetos del deseo.

  68. Nada cabe decir, sino que el hombre de grande alma, que ha conocido la verdad, desapegado se halla de la liberación tanto como del gozo, conservando una total falta de inclinaciones por todo.

  69. El mundo de la relatividad, compuesto se halla de inteligencia y lo demás; nada es, sino modificaciones del nombre. ¿Qué debe hacer el sabio que a todo ha renunciado, y cuyo conocimiento es siempre puro?

  70. Todo esto es una mera ilusión, una mera nada. El que de seguro sabe esto, que más allá se encuentra de toda percepción, que es siempre puro, halla la paz como algo connatural.

  71. El que tiene la naturaleza de la pura consciencia y ya no es consciente de lo visible, ¿dónde encontrará la obligación de realizar acciones, dónde su abandono, dónde el no-apego, dónde la serenidad misma?

  72. El que se ve como el Infinito y ya no ve la naturaleza, ¿dónde encontrará la esclavitud, dónde la bondad, dónde el placer, dónde el dolor?

  73. En el mundo que coexiste con la consciencia y se superpone al Yo por la acción de maya, el sabio que libre está de toda idea del ego o de pertenencia, que por sobre el deseo se halla, resplandece en soledad.

  74. El sabio que entiende que su Yo está libre de la destrucción y el dolor, ¿dónde encontrará el conocimiento, dónde el mundo, dónde el cuerpo, el ego y la pertenencia?

  75. Cuando el hombre de intelecto débil abandona su práctica de concentración mental, comienzan a alentar pensamientos y deseos diversos en él.

  76. El necio no cede en su necedad, aún después de oír la verdad misma. Aun cuando suprima la acción mental por la fuerza, internamente se halla apegado a los objetos de los sentidos.

  77. Aquel cuyas acciones pasadas han sido destruidas por el conocimiento, aun cuando actúe a la vista de los hombres, no pierde tiempo ni en hablar.

  78. El hombre de sabiduría, que libre se halla de faltas, que carece de miedo, ¿dónde encontrará la oscuridad, dónde la luz, dónde la renuncia y la ganancia?

  79. ¿Dónde está la fortaleza, dónde la falta misma de miedo, para el asceta de naturaleza indescriptible, que trasciende hasta la naturaleza?

  80. No existen el cielo ni el infierno para él, ni siquiera la liberación en vida. ¿Qué necesita agregarse ante un asceta, excepto que no hay nada más?

  81. El sabio no se afana tras las ganancias ni se apena por no lograr lo que se pretendía; su mente en calma, colmada está de ambrosía.

  82. El hombre libre de deseos no elogia al que está sereno ni censura al que gusta de obrar mal; idéntico en el placer y el dolor, siempre satisfecho, no ve nada que pueda hacer.

  83. El sabio no siente aversión por el mundo, ni está impaciente por ver su propio yo; libre de penas y alegrías, no vive ni está muerto.

  84. El sabio resplandece, libre de apegos a hijos y a esposas, del deseo por los objetos del mundo, y del cuidado de su propio cuerpo.

  85. La felicidad aguarda siempre al sabio que acepta lo que viene; libre se mueve en el mundo, acostándose a dormir tan pronto el sol se pone sobre su cabeza.

  86. Que su cuerpo vaya o venga, nada le importa al sabio. Olvidado se halla de cuanto al mundo pertenece, ya que ha encontrado el descanso en su propio yo.

  87. El sabio que nada espera, que vaga errante y feliz, que libre se halla de los pares de opuestos, cuyas dudas quedaron disipadas, que apegado no está a condición alguna, sólo se mueve en felicidad.

  88. El sabio, cuya idea de pertenencia se ha desvanecido, que permanece inconmovible a la vista de un pedazo de barro, una piedra o el oro, de cuyo corazón las cadenas han sido despedazadas, cuyas pasiones e ilusión fueron purificadas, ese sabio resplandece.

  89. ¿Qué comparación cabe con aquel que no tiene apego por nada, que no alimenta ideas en su corazón, con aquel cuya mente, totalmente libre, es por entero pacífica?

  90. El sabio que entendiendo nada conoce, que viendo nada ve, que hablando nada dice, ¿qué puede ser sino alguien libre de todo deseo?

  91. Sea rey o mendigo, aquel que está libre de deseo reina supremo; aquel cuya inclinación hacia el bien y el mal fue completamente subyugada.

  92. ¿Dónde está la libertad, dónde el encierro, dónde la indagación de la verdad, para el asceta que se ha vuelto la encarnación de la sinceridad, inatacable, al haber logrado su meta?

  93. ¿Qué lenguaje puede describir, quién puede describir al que ha encontrado satisfacción en su propio Yo, que libre está de todo deseo, cuya inquietud ha desaparecido y que se siente asentado en sí mismo?

  94. El sabio, aunque se halle en un sueño firme, no sueña; aunque duerma, no duerme; aunque despierte, no está en realidad despierto. Feliz se halla en cualquier situación.

  95. El hombre de conocimiento, aunque piense, en realidad no está pensando; aunque conozca a través de los órganos sensoriales, carece de órganos de los sentidos; aunque tenga un intelecto, no lo goza, y aunque detente egoísmo, en realidad no lo posee.

  96. El sabio no es feliz ni desdichado; no siente apego ni libre está de apegos; no aspira a la liberación, ni de hecho está liberado, no es esto ni aquello.

  97. Las distracciones no lo distraen; en la meditación no medita; nunca lerdo, aunque lerdo parezca; nada instruido, aunque culto parezca.

  98. El que liberado está, mora en su propia naturaleza, y toma lo que viene; libre se halla de lo que debe hacerse o lo que ha sido hecho; imperturbable en toda situación, liberado del deseo, no recuerda lo que hizo ni lo que dejó de hacer.

  99. Reverenciado, no siente deleite; menospreciado, no siente ira; la idea de la muerte no lo agita, ni lo contenta la perspectiva de una vida larga.

  100. El hombre cuya mente ha encontrado la paz, no se precipita a la sociedad humana ni a las espesuras del bosque. En felicidad vive en cualquier parte y toda condición.

Capítulo XIX. Sobre el descanso del discípulo en el yo

El discípulo dice:

  1. Acabo de extraer, de los lugares más recónditos de mi corazón, la espina de los pensamientos contradictorios, con las tenacillas del conocimiento de la Verdad.

  2. Yo, que habito en mi propia gloria, ¿dónde encontraré la virtud, dónde el placer, dónde la grandeza, dónde el discernimiento, dónde el uno o la multiplicidad?

  3. ¿Dónde está el pasado, dónde el futuro, dónde el presente, dónde el espacio, dónde la eternidad misma, para mí, que habito en mi propia gloria?

  4. ¿Dónde están el yo y el no-yo, dónde el bien y el mal, dónde el cuidado y su ausencia, para mí, que habito en mi propia gloria?

  5. ¿Dónde está el sueño, dónde el firme dormir, dónde la condición de despierto, dónde el cuarto estadio que trasciende los demás, y dónde el miedo, para mí, que habito en mi propia gloria?

  6. ¿Dónde está lo lejano y lo próximo, el adentro y el afuera, lo grueso y lo sutil, para mí, que habito en mi propia gloria?

  7. ¿Dónde están la muerte y la vida, el mundo y su brillo, dónde el surgimiento de lo visible y la concentración de pensamiento, para mí, que habito en mi propia gloria?

  8. Ya han cesado los cuentos sobre las tres metas de la vida, la virtud, el placer y el dolor; ya han cesado los cuentos del yoga y la sabiduría, para mí, que he encontrado el reposo en mi propio Yo.

Capítulo XX. Sobre la condición de un emancipado en vida

  1. ¿Dónde están los elementos del cuerpo, dónde los órganos de los sentidos o la mente, dónde el vacío y la plenitud, dónde la ausencia de deseo, en mí, que libre estoy de toda mácula?

  2. ¿Dónde están el sastra y el conocimiento del yo, dónde aún la mente, libre de pensamientos de los objetos, de contento o ausencia de deseo, para mí, que he perdido todo sentido de la dualidad?

  3. ¿Dónde están el conocimiento y la ignorancia, dónde están el yo y lo mío, dónde esto o eso, dónde la liberación, la esclavitud y las limitaciones, para mí, la Conciencia Suprema?

  4. ¿Dónde están las acciones pasadas que me forman, dónde la condición de liberado o el estado de disolución, tras el emanciparse, para mí, que soy lo no-condicionado?

  5. ¿Dónde están el actor y el que goza, dónde la ausencia de acción y el surgimiento del pensar en la acción, dónde está el resultado visible del conocimiento, en mí, que libre por siempre estoy de todo condicionamiento?

  6. ¿Dónde están el mundo y el que anhela la liberación, dónde el asceta, el hombre de sabiduría, el sujeto o liberado, para mí, que habito en mi propia naturaleza y carezco de segundo?

  7. ¿Dónde están lo creado y la disolución, dónde el objeto a alcanzar y los medios para lograrlo, dónde el que puja por el éxito de aquél, o el propio, para mí, que habito en mi propia naturaleza, libre de toda dualidad?

  8. ¿Dónde están el conocedor, el instrumento de cognición, el objeto de conocimiento y el concepto de tal objeto, dónde hay algo o el deseo de algo, en mí, que soy siempre puro?

  9. ¿Dónde están las distracciones y la concentración, el conocimiento y la estupidez, el placer y el dolor, en mí, que siempre permanezco inmóvil?

  10. ¿Dónde está el tráfago mundanal, dónde la condición del conocimiento espiritual, dónde la felicidad o la miseria, en mí, que permanezco siempre libre de pensamientos?

  11. ¿Dónde está la ilusión, dónde el afecto o su ausencia, dónde el yo encarnado o lo que se conoce como Brahman, en mí, el siempre puro?

  12. ¿Dónde están la actividad y la inacción, la libertad y la esclavitud, para mí, que soy siempre inmutable, siempre indiviso, habitante siempre de mi propio ser?

  13. ¿Dónde están las enseñanzas o el sastra, el discípulo, el maestro y cualquier objeto de indagación, para mí, el siempre dichoso, el por siempre libre de limitaciones?

  14. ¿Dónde están lo que es, lo que no es, dónde están el uno o el dos? ¿Qué precisa agregarse?

Nada hay que en mí surja.